lunes, 11 de noviembre de 2013

Capítulo 23

Capítulo 23: Era tarde, se acercaba la noche y yo tenia hambre y Patt creo que también. Se nos había pasado la tarde volando. Por la ventana del salón se veía que había anochecido.
- ¿Os parece si os invito a comer? - nos preguntó mi madre.
- No te molestes Amelia, invito yo - dijo Mireia.
- Que no es ninguna molestia, me encantaría invitaros.
- ¿Y vosotras que decís chicas? - preguntó Mireia.
- A mi me da igual - dije yo.
- Y a mi - dijo Patt.
- Pues como invito yo - dijo mi madre mirando a Mireia - ¿os parece bien un McDonald?
- Siii - dijimos Patt y yo al unisono.
- Y tú Mireia, ¿que me dices?
- Me parece bien.
- Voy a avistar a Cristina a ver si quiere venir, ahora vuelvo.
Mi madre desapareció por el pasillo y Patt se puso un poco sería, creo que lo iba a hacer.
- Mamá, tengo que confesarte algo dijo Patt muy seria.
- Que pasa hija, no me asustes.
- Soy bisexual y Elisa es mi novia - dijo y me dio un beso en los labios. 
Su madre se quedo boquiabierta, eso creo que no se lo esperaba, se puso muy seria de repente y me miró a mi y después a Patt.
- Mamá di algo - dijo Patt, con casi lágrimas en los ojos.
- Que quieres que diga hija, que...me alegro por vosotras - dijo Mireia mientras en su cara se dibujaba una sonrisa - esta chica me gusta, parece muy inteligente y buena persona, transmite confianza y bien estar, ya entiendo porque querías venir a Málaga, ahora todo me cuadra.
Después de aquellas palabras me puse colorada y a Patt se le saltaron las lágrimas, recorrían sus mejillas, me miró y me abrazó, después fue hacia su madre y también la abrazó.
- Gracias mamá, gracias por entenderme, Elisa es una chica increíble, no lo parece es muy inteligente y buena persona, se puede confiar en ella y estoy enamorada de ella - dijo Patt, mientras sus lágrimas le recorrían la cara - es única, la quiero mucho, me a ayudado mucho y me a demostrado que la distancia es lo de menos.
Me puse muy colorada y empecé a llorar, aquellas palabras me habían llegado mucho, era tanto lo que aquella chica significaba para mi, que no sabía como explicarlo, me fui hacía ella y la abracé, después le di un beso, tierno, amable, con todo mi corazón.
- Te quiero Patt - le susurre al oído.
- Yo también te quiero Elisa - me respondió.
Nos volvimos a abrazar, Mireia nos miraba con la lágrimas saltadas también. Mi madre volvió y nos vio a las tres con lágrimas en los ojos y nos preguntó: 
- ¿Que a pasado?
- Que nuestras hijas están juntas y se quieren mucho - dijo Mireia, mientras se secaba las lágrimas con las manos.
- Tanto se nos nota - dijo yo, uniendo mi mano con la de Patt.
- Sí - dijo mi madre - estáis tan unidas, que parece mentira que os llevéis 4 años.
- Mamá la edad es lo de menos, no pasa nada si el amor no es perfecto, siempre y cuando sea honesto - dijo yo.
Patt me miró.
- Esa es nuestra frase pequeña.
- Lo sé.
- Siento interrumpiros, pero es hora de que nos vallamos a cenar, porque yo tengo un poco de hambre - dijo mi madre.
- Vale - dijimos Patt y yo al unísono.
- Mamá ¿Cristina no viene? - pregunté.
- No, dice que no tiene ganas de salir, que ya se hará algo ella.
- Esta niña, parece una monja de clausura.
Todas reímos. Salimos de casa y nos montemos en el coche, dejé que Mireia se subiera delante con mi madre y Patt y yo nos subimos en la parte de atrás.
En el coche había silencio, nadie hablaba, hasta que Mireia rompió el silencio.
- Hija, ¿te parece si nos quedamos una semanilla más? 
- Si mamá, gracias.
- Me gusta Málaga, estoy pensando si nos venimos aquí a vivir.
Todas miremos a Mireia con la boca abierta.
- ¿Lo dices en serio mamá? - dijo Patt.
- Sí, ¿Porque no hacerlo?
- Muchas gracias mamá, no sabes lo feliz que me haces.
- Y a mí - dije yo.
Las tres rieron y yo también. Llegamos al McDonald y entremos.
Tuvimos una cena entretenida, mi madre cada vez se llevaba mejor con Mireia. Terminemos de cenar y yo quería un McFlury, lo compartí con Patt de vuelta a casa, íbamos en el coche.
- ¿Os queréis quedar a dormir en casa? - preguntó mi madre.
- No queremos molestar - dijo Mireia.
- No es ninguna molestia, hay una habitación libre. 
- Venga Mireia - dije yo - así puedo dormir otra vez con Patt.
- Si, por favor mamá - dijo Patt, cogiendome de la mano.
- Pero el pijama lo tenemos en el hotel - dijo Mireia.
- No pasa nada, ahora nos pasamos por el hotel y cojeis las maletas, que ahora os quedáis en mi casa, para que gastaros el dinero en el hotel - dijo mi madre muy sonriente.
- No Amelia, no hace falta, no queremos molestar.
- Te lo digo de verdad, no molestáis, estoy encantada.
- Sí, por favor Mireia.
- Bueno vale - dijo Mireia, dándose por vencida - nos quedamos, pero tendrás que aceptar el dinero que te de.
- No puedo permitir eso, lo hago encantada.
Mi madre se dirigió al hotel, aparcó y subimos a la habitación, a recoger las maletas, mientras Mireia hablaba con recepción para decirlo.
Eran ya cerca de las 12 de la noche, nos dirigíamos por fin hacía casa, otra noche junto a ella, que más podría pedir. Estaba encantada de que Mireia hubiese venido, era una buena mujer y tenía una hija que valía millones, y se llevaba bastante bien con mi madre.
Llegamos a casa, mi madre le enseño la habitación de invitados a Mireia y allí dejo las maletas, yo quería que Patt durmiese conmigo y así fue.
Una noche más durmiendo juntas, me encantaba sentirla tan cerca, abrazada a mí, otro día más que se iba y se acercaba el día en que Patt volviera a su casa, su ciudad. Lo que Mireia dijo de venirse a Málaga a vivir, me dio una gran sorpresa y me sentó muy bien, ojala que nos fuera solo una idea y se hiciera realidad.